Dichos y refranes de padres, madres y abuelos
Por Víctor Ángel Fernández
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Hoy han caído bastante en desuso y hasta pueden ser suficientes para calificarte de viejo, pero desde los tiempos de mi infancia, mis recuerdos traen esa sabiduría popular comprimida en capsulas que servían para todo o como dicen algunos, para casi todo.
Un refrán al cual se le daba vuelta por el significado, era “a quien madruga, Dios lo ayuda”, seguido de: acuérdate de aquel que se encontró veinte pesos, temprano en la mañana. Tenía su contrapartida: “no por mucho madrugar, se amanece más temprano”, con la coletilla de “¿y qué le pasó al que perdió el billete?”
La lista puede ser larga:
-Árbol que nace torcido, jamás su tronco endereza
-Quien da pan a perro ajeno, pierde el pan y pierde el perro
-La cabra siempre tira al monte
-Palo que nació para tambor, desde el monte, ya suena
-Cuando el ciclón te lleva el techo, una parte de culpa fue tuya por no “cobijar” bien
-El que nace para tamal, del cielo le caen las hojas
-El que nace para diez quilos, nunca llega a la peseta
-Lo que te ahorras en llanto, se te va en suspiros
-Como el majá y la gallina, a la cima se llega volando o arrastrándote
-Si tu mal no tiene cura, para qué te apuras y si la tiene, pues lo mismo
-¿Con qué se sienta la cucaracha?
-Estás más atrás que los cordales
-Una cosa es con guitarra y otra con violín
-Si te gusta la gasolina, no prendas candela
-No tires piedras al techo del vecino, si el tuyo es de vidrio
-Mulo que corcovea, no sirve para carretón
-No te embulles que no vas y si lloras no te llevo
-No te hagas el majá pintón
-No es lo mismo Catalina de Güines que los güines de Catalina
-En el país de los ciegos, el tuerto es rey
-Se quedó como el gallo de morón, sin plumas y cacareando
Algunos, incluso, tienen la caracterísitca de que el uso ha cambiado las palabras o las ha adaptado, sin que por ello cambie el deseo de enseñanza que todos, más o menos, contienen. Me viene a la menta uno clásico:
Cuando veas las barbas de tu vecino arder, pon las tuyas en remojo.
Algunas personas dicen que realmente se refería a las “bardas” o cerca divisionaria de las casas, pues al estar las del vecino en llamas, las tuyas, por la condición de colindancia, debías prepararlas.
También están los que han cambiado el orden de las palabras y formado una especie de retruécano, que sin tratar de cambiar el sentido, al igual que el anterior, le dan ciertp carácter menos serio o menos educativo.
Son varios, pero el que más me gusta y repito es el de un amigo: “Cuídate que de los buenos, quedamos pocos”.
Mi amigo lo variaba y siempre se despedía con: “Cuídate, que de los pocos, quedamos buenos”
Y tú, amigo lector, ¿cuáles otros recuerdas?
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